Wednesday, January 30, 2013

GAME CRITIQUE

Versión de Alessandro Talexi de David con la Cabeza de Goliat
de Caravaggio, creada para Devil May Cry 5

DEVIL MAY CRY 5

Por Jesús Serrano Aldape

Hay algo muy original en el nuevo Dante. No, no es su nueva apariencia de integrante de una boy band en su momentáneo lapsus de rebeldía de escaparate, o su inicial naturaleza nihilista, y punk (absolutamente refrescante, hasta que comienza a querer salvar el mundo como todos los héroes). No, son esas transiciones que vivimos entre los dos estados de la realidad lo que encanta de este nuevo lavado de cara de la serie.

Devil May Cry 5 (2013, XBOX 360, Play Station 3), es la última entrega de la venerable saga hack and slash de Capcom, que apuntaba desde 2010, que se anunció el juego, a una revitalización, más bien necesaria, y es precisamente lo que logra en su más reciente iteración.

Basta ver el estilizado corte de cabello del viejo Dante (color blanco, además) para notar el appeal propio del anime y el manga, y es claro que el trabajo de los creativos fue hacer que Dante abandonara ese aire extravagante que lo confinaba en el culto y lo alejaba de ser un fenómeno de masas.

Y de bocado para públicos específicos, ahora el nuevo Dante posee no sólo un look distinto sacado de los aparadores del underground londinense, sino una capacidad para la auto burla de esa nueva condición, que es en verdad encomiable.

Y es ese gran manejo de los desarrolladores del mundo real y el demónico Limbo lo que trasciende de este juego. Limbo desenmascara que los verdaderos esbirros de Mundus el principal villano, (que en la vida real es un billonario con poder como para controlar y amenazar al presidente de un país, jocosísimo), son la bebida carbohidratada de moda, Vitality ( que se parece al Sprite o al Seven Up, real), y el comunicador de moda, Bob Barbas, ( hagan de cuenta un Adolf Hitler gordo y sin el mostacho), y estas dos entidades que tienen como tarea servir como instrumentos de control social, son demonios en Limbo.

Y nuestro inicialmente amoral Dante, comienza el trayecto sin importarle absolutamente nada, más que vivir el momento. Una vez que se entera que él y Vergil son hermanos (sí, obvio está basado en La Divina Comedia), y los últimos nephilims, (o en otras palabras, una cruza de ángeles y demonios), es cuando comprende que tiene que derrotar a Mundus.

Y los esbirros de Mundus son hilarantes y atemorizantes en sus propias formas demoniacas. Como Succubus, que es una especie de oruga monstruosa que vive nada menos en donde el refrescote aquél se producía en masa en el plano real.

Y si su apariencia es asquerosa (el comentario sardónico de los realizadores hacia tal situación, no deja ser bastante subversivo: en Limbo la bebida refrescante del mundo real es una sustancia tan asquerosa que le baja vitalidad a nuestro personaje), pero Succubus es muy cómico, como un gusano cruzado con Marilyn Manson y algún integrante de banda de la era del glam rock.

Es una delicia irle cortando poco a poco los tentáculos al monstruo, e ir recibiendo sus respuestas en este divertido duelo verbal entre Dante y él. El asunto llega a parecer como una riña entre un cantante de glam ochentero y Johnny Rotten; ambos se dicen fuck you! mutuamente, en sus particulares estilos, sólo que Succubus grita como Bret Michaels de Poison o Sebastian Bach de Skid Row (lo siento jóvenes que estén leyendo esto y hayan nacido muy después de los ochenta, gogleenlo para saber a qué me refiero) cada que Dante le corta un tentáculo. El pasaje es sólo una pincelada del buen humor que exuda por todos lados DMC5.


Los autores de este cambio de maquillaje son el estudio británico Ninja Theory, que utilizando las guías de Capcom, el desarrollador nipón dueño de los derechos y el que lo publica, pulieron este brawler, o juego de combates de yo contra el mundo, para darle un saborcito más occidental. En especial el apoyo de Capcom, expertos en sagas de peleas como Street Fighter, se nota en la fluidez en cómo Dante cambia de armas y enlaza los movimientos de arte marcial, un auténtico espectáculo visual.

Es sagaz la forma en que Ninja Theory no sólo convierte a los demonios que Dante tasajeará hasta al final en algo que ese ideario punk hubiera querido cercenar desde la raíz con su actitud y música; y el carácter en el plano real que ocupan.
Y la música se corresponde perfectamente con lo que estamos jugando.

Desde el tema principal,  de la agrupación de música industrial, Combichrist, una expresión perfecta para mostrar ese lado podrido, pero jovial en que Dante hace un arte dancístico de esto de exterminar criaturas demoniacas, como cuando en el nivel inicial vencemos a esa especie de Eddie de Iron Maiden, que es el Demon Hunter.

O es psychedelic y electro cuando enfrentamos las miles de imágenes televisivas (originalísimo el que una de las armas de Bob Barbas sea mostrar imágenes de Dante como en la transmisión televisiva de un noticiario, para distorsionar la realidad, pintándolo como un terrorista), y dance y techno cuando le hacemos una visita a Lilith. La música es un recurso extraordinario y viste como guante a cada uno de los jefes de nivel del juego.

Y cada búsqueda para hundir uno a uno a los colaboradores de Mundus es un concepto bien ejecutado, una expedición en un mundo psicodélico con letreros por todo el escenario que subliminalmente van mostrando la verdadera seducción que hay tras del refresco, o  tras el comunicador  de moda, y que culmina con un show kinético y desenfrenado en los tres rounds finales con los jefes de nivel.

Los enfrentamientos culminantes son auténticos bocados del arte de ensamblar video juegos, no sólo son exigentes e intrincados, sino estéticos, épicos y conceptuales (más en un momento).

Ninja Theory trajo abordo a El artista Alessandro Talexi, quien hizo su propia versión de La Toma del Cristo y del David Con La Cabeza de Goliat, de Caravaggio, las cuales vemos como pinturas virtuales en movimiento en el juego, demostrando que son algo más que un simple arte conceptual, es también uno de los principales atractivos del juego. Además cumplen en recordarnos el origen de estos personajes, adaptados de la ficción de Dante Alighieri.

Los conceptos y una jugabilidad bien implementada convierten el juego en un entretenimiento que todos pueden jugar, con cinco dificultades progresivas y un sistema de armas y combos en que no hay mayor complejidad que apretar los botones y gatillos de forma espaciada para obtener por instinto extraordinarias recompensas al ejecutar a los demonios de Limbo.

No hay necesidad de memorizar complicadas secuencias, lo que acerca el game a casi todo tipo de jugador, incluso los que abominan de los hack and slash.
Se hace natural el conectar estupendas estocadas con la clásica Rebellion en el aire, y cambiar, sin caer al suelo, a la guadaña angélica, Osiris, para rematar a la bestia infernal en turno, y el gamer recibe de recompensa una estética animación que lo hace sentir como Di Caprio (por aquello de “soy el rey del mundo”).

El sistema premia al jugador con style points, lo que pretende que no termine los niveles o misiones abusando de algún movimiento, y recompensa la creatividad cuando la detecta.

Algo que muchos amantes del anterior Dante han criticado es que esta nueva versión también está demasiado teledirigida y digerida para captar y entrar en el mainstream videojueguil occidental. Eso es demasiado cierto.

El anterior Dante era más nipón en ese sentido, una suerte de yakuza fashionista con un humor bastante idem. Puede ser criticable que este nuevo Dante tenga cualidades menos extravagantes y más calcadas de show juveniles de la televisión de paga.

Su apariencia es como la de esos modelos que aparecen en series como Vampire Diaries, y el humor, en ocasiones desenfadado e irreverente, que no se toma nada demasiado solemne (al menos hasta que nos manipulan una vez más para salvar al mundo y esas arañas), corta páginas bien precisas del absurdo de True Blood.

Pero donde no falla el nuevo Dante es no sólo en ser un alma torturada con una infancia destruida, sino en ser fiel a una vena de pensamiento sacado de los bajos sótanos, que es una auténtica visión del mundo, y traza paralelos interesantísimos entre la realidad que vivimos y ese parque temático sacado de los imaginarios del metal, el punk y la música electrónica, que es Limbo.

Como cuando la fiel Kat, (una especie de medium con un pasado horrendo cuya tarea es pintar con su lata de aerosol pasajes entre la realidad y Limbo para que Dante pueda salir del infierno, por así decirlo), comenta sobre las pobres almas de gente de Wall Street que vemos sufriendo en Limbo: “Esas pobres almas ya no tienen escapatoria.” Divertido.

Es al mismo tiempo que entretenimiento casual y catártico (ok, esto quizá no sea cierto, en realidad Mundus del plano real en el juego, se parece un poco a mi ex jefe, por lo que mandarlo al quinto infierno fue un auténtico placer), una forma de darle una significación real a esos demonios de Limbo, de humanizarlos, pero sin que pierdan cierta comicidad, jamás pierden el hilo los desarrolladores de lo divertido que es acabar con la fauna de este infierno que han creado, lo cual es muy agradecible.

Y cada escenario es como una distorsión mental y conceptual, llevado a cabo con mucho arte y oficio para hacer del transcurso de Dante, a la par de un bien realizado juego de broncas, uno simbólico, sí, pero uno en que importa más el guitarrazo y grito de metal pesado mientras destruimos demonios con Dante y agitamos la cabeza al ritmo, que cualquier otra cosa.

Devil May Cry 5, no se toma muy serio a sí mismo, y capta en muchos sentidos la ironía y el humor que una vez tuvieron múltiples escenas musicales subterráneas, lo cual lo hace muy disfrutable.



Wednesday, January 23, 2013

LITERALIA




El principio del Placer de René Magritte, cuadro para el que James
sirvió como modelo


Por Jesús Serrano Aldape

El más reciente libro de la doctora en historia del arte, Irene Herner Reiss, Edward James y Plutarco Gastélum en Xilitla: El Regreso de Robinson (2011), tiene dos importantes problemas qué resolver.

El uno es explicar quién es Edward James (1907-1984) a un público lector que gradualmente se va enterando de su relevancia en la historia del arte. El segundo, y más complejo, es trazar paralelos para, por decirlo así, tratar de explicar las motivaciones de una vida y las instalaciones artísticas dejadas por James en la Huasteca Potosina en el pequeño poblado de Xilitla.

La autora de libros como Diego Rivera: Paraíso Perdido en el Rockefeller Center (1986) y (Siqueiros: Del Paraíso a la Utopía (2005), no tiene problema en relatar el fenómeno y la obra como algo que le inspira no sólo fascinación, sino una adoración que podría ser un obstáculo para la observación distante del analista.

Sin embargo, el punto queda claro desde el comienzo, no busca objetividad, le interesa sobre todo transmitir que la vida de un artista no puede entenderse más que a través del arte mismo, y que para entender su arte, hay que dar un brinco (sin cuerda de salvamento) a su vida.

Como cuando el director de cine Andrei Tarkovski abordó la vida del pintor de íconos del Medioevo, Andrei Rublev, en una película en la que sólo hasta el final del extenso metraje es cuando el espectador puede ver por primera vez las pinturas del artista ruso, es decir: es necesario que el interesado experimente primero la vida de la persona para sólo después poder entender un poco de lo que dejó tras de sí en forma de objeto artístico.

A Herner le interesa que el arte explique la vida del creador y que al lector le quede claro a través de su apreciación progresiva no sólo de la historia de James, sino de esta auténtica clase de apreciación estética que la autora pone en marcha, para que el estudioso o lector casual al final saque sus conclusiones sobre el tema y la persona.

Y enfrascada en esa dura tarea, enlaza un cúmulo de ensayos sobre el arte con investigación documental y de campo para dar una idea al lector no sólo de las teorías de la autora, sino de una nueva versión de la vida de este pocas veces reconocido artista, a través de sus escritos y cartas, y cómo todo toma forma en las esculturas surrealistas de Xilitla.

HERNER ELABORA UN ANÁLISIS de la vida de James a través de las estructuras del mito. Por momentos demasiado académico, la escritora echa mano de su conocimiento de los movimientos artísticos para guiar al lector en la difícil tarea de intentar comprender no sólo el arte de James; sino las apasionadas motivaciones que el arte hizo capaz en la vida de un personaje como él. El Rico McPato inglés es su perfecto conejillo de indias para este propósito.

Así, el noble y millonario escocés, famoso por haber sido brevemente mecenas de Salvador Dalí; haber posado para Man Ray y René Magritte e ido a fiestas con André Bretón y  Luis Buñuel y cartearse con Leonora Carrington, se revela para Herner como una suerte de Robinson Crusoe buscando un nuevo comienzo en la serranía potosina, haciendo realidad sus torcidos sueños en el paraje selvático mexicano.

Utilizando la historia conocida y la que se puede deducir de los nuevos documentos aportados por su larga investigación, explica la vida de James en una nueva manera en que sin embargo, jamás tiene más importancia la vida real del personaje como su visión estética, −desconocida por la mayoría−, y cómo esa visión puede alcanzar para interesar al lector, incluso para llevarlo a visitar las Pozas de Xilitla, a sólo unas horas de San Luis Potosí.

Herner además defiende el hecho de que Xilitla es una instalación artística y no un lugar turístico, y como tal debe ser considerado para evitar el deterioro de la obra de arte ante las visitas multitudinarias.

Fundamentada por dos maletas de correspondencia que según la autora fueron rescatadas de una bodega abandonada en la selva de Xilitla, Herner abre un abanico de ideas en que su hilo conductor es el epistolario y el texto de James, un escritor frustrado que no publicó más que la novela “The Gardener Who Saw God/ El Jardinero que Vio a Dios”.

Y comienza a explicar la vida y obra de este personaje a través de sus propias aspiraciones estéticas incumplidas, pero sobre todo de su poesía, y cómo ésta encuentra una correspondencia con todo lo creado en la selva y dejado al deterioro y la decadencia, para confundirse a la larga con la misma vegetación, como era la intención del también escultor.

ASÍ, JAMES, UN ASIDUO ESCRITOR de cartas que siempre quiso figurar con el grupo de artistas surrealistas, y siempre fue relegado por ellos mismos a su papel de promotor y mecenas, encuentra en Xilitla, no sólo una hacienda de colonialista donde el noble inglés podría darse un baño de exotismo de su compleja existencia de pipa y guante, apariencias y  de ser súbdito de lo reina; donde podía pasar para los locales como un “gringo loco” y pasearse desnudo con su tucán sobre el hombro; sino que lo ve como el lugar para realizar sus aspiraciones y convierte gradualmente el paisaje selvático en un simulacro daliniano, que recientemente ha logrado ser considerado como patrimonio artístico de la humanidad.

Herner usa el psicoanálisis de Freud y Lacan para definirnos no sólo el movimiento surrealista, que es al que pertenecen las esculturas e instalaciones de Xilitla,  también para mostrarnos lo que el ojo entrenado deduce de todos esos extraños monumentos dejados por James y sus colaboradores en Xilitla:  su propia teoría del James esperando construir una especie de Arca, que cual Noé de la modernidad,  le permitiera elaborar una nueva vida en una sociedad decadente que acababa de sobrevivir la segunda guerra mundial,  lejos de los tabúes sociales de la época, casi como un hippie adelantado un par de décadas.

A ratos una exigente clase de arte, el libro demanda mucha atención de sus lectores, y transcurre sus primeros capítulos en explicar las imágenes de la historia del arte que fascinaron a James durante su crianza en Europa y que luego encontrarían una cristalización en las esculturas y creaciones de Xilitla, para la autora una recreación del jardín inglés la serranía potosina, nada menos.

Paralelo a la historia documental y los años de trabajo de la autora y numerosos viajes de investigación,  el epistolario de James a diversos personajes, incluidos su principal aliado en Xilitla, el mexicano Plutarco Gastélum, son claves para seguir este libres.

Sin tapujos ante la figura histórica, Herner traza como nueva hipótesis una intrincada historia romántica entre James y Plutarco que de hecho es clara en su correspondencia escrita, y tal situación es su argumento principal para analizar con ayuda del psicoanálisis,  las motivaciones de James, que podrían explicarse cuando se visita su Xanadú personal en el altiplano mexicano.

Edward James y Plutarco Gastélum en Xilitla: el Regreso de Robinson, funciona a ratos no sólo como un interesante tratado de la historia del arte, sino como una crónica presencial de la autora intentando guiar al lector ante lo que está viendo, como una guía en una galería de arte, y como una compleja historia romántica con complejo edípico incluido, en el que el lector atento no sólo sabrá por voz de la autora lo que puede en teoría interesar del fenómeno, sino que la misma poesía del Jardinero que vio a Dios hará sentir al lector que la historia vale la pena por experimentarse como una obra de arte a través de las emociones y de lo que transmite.

Y que Xilitla jamás estará demasiado lejos como para prestarle una visita.

Herner-Reiss, Irene. Edward James y Plutarco Gastélum en Xilitla: el Regreso de Robinson, Ed. Ponciano Arriaga, México, 1ª ed. 2011,  p.277.

Wednesday, January 16, 2013

Un amigo (de él mismo) ™


Las aventuras seriadas de un auténtico hijo de perra

Hoy presentamos:

Reconfortante y comprensivo

“Tarde comencé a entender, que no sólo son hojas son las que caen.
Que las vidas se esfuman en la misma forma, que mi vida está próxima a su fin”

Dijiste eso, y como es mi sana costumbre ante este tipo de escenas, miré a otro lado pensando que ibas a empezar otra de esas “inolvidables” recitaciones tuyas de libro de auto ayuda. Creo que creías que todo cuanto escurría de tu boca era un elixir de verdad que nos liberaría a todos de nuestras vidas insignificantes y sin sentido.

Pero estabas tan buena… ejem… eras tan atractiva, que pensé en mi mente que estabas hablando de posiciones sexuales y no de tus interminables disquiciciones sobre la vida, el amor y todo eso. Creo que eras la alumna más avanzada de María la del Barrio, porque cuando te escuchaba parecía que veía un melodrama de sirvientas y papeleritas.

“Aférrate a mí como las hojas se aferran a los árboles”.

Oh, sí, claro. Y en mi mente creo que deberías utilizar las dos manos… En serio, no sé si sirva, ya te tratará la vida mejor (¿¡¡¡de qué habla!!!?, me quedé en la parte en que su padre abusó de ella y la corrió de la casa), algún día encontrarás a alguien que vea en tu interior (adivino, ¡el proctólogo!), sí claro.

“Siento como si mi vida no fuera más que una broma cruel de un dios sádico.”

¿Disculpa?

“¿No estás escuchando, verdad?”

Claro que sí.

Mira, yo creo que llega un momento en la vida en que debes enfrentarte al… sí, bla bla. No los aburriré con los prologómenos de lo que imaginé como una tarde de dulce lascivia.

Mientras ella recordaba y enumeraba las veces que había sido usada, yo sólo podía ver su escote subir de arriba abajo mientras respiraba, aspiraba y lloraba. Pensaba en el uso que podría darle a éso…

“No creo poder más…”

No te preocupes, siempre estaré aquí. La abracé. Es el momento vulnerable en que una vez Minerva olvidó que yo era algo aborrecible, y me besó y me...

“Gracias.”

La miré, es aquí el momento en que si es por despecho, vendrá sexo por venganza, si es por…

“¿Sabes lo que me gusta de ti?”

Mmm… Esa es muy difícil.

“Que no eres como los otros que sólo me ven como un objeto sexual, que me escuchas y siempre estás para reconfortarme aún en el tálamo de los más grandes infortunios de mi vida.”

Sí, ese soy yo, andas.

¿Por qué no se quita la blusa, eh?

Jesús Serrano Aldape/2013